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Reflexiones sobre la IA

7 sept
3 min de lectura

Actualizado: 7 sept

Querido gato:

 

Arnold Schwarzenegger protagonizó en 1984 una película llamada Terminator, en español El Exterminador. En esa película, una poderosa IA tomaba el control del mundo y enviaba, en un viaje en el tiempo, a un robot a matar a la madre del líder de la resistencia antimáquinas.

 

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Tengo la impresión de que aún no tenemos ni idea de los peligros y las oportunidades que representa para personas y gobiernos.

 

Paso mis horas de descanso escuchando podcasts. Así que ahora, y de vez en cuando, te voy a resumir alguno de ellos. La próxima vez te hablaré del Concilio de Nicea. En esta ocasión hablaremos de inteligencia artificial. Veamos:

 

Se afirma que estamos creando una especie superior, y que esta especie superior tarde o temprano va a destruir a la especie inferior, nosotros. Esto es mucho más evidente cuando vemos desarrollos de biotecnología, por ejemplo chips desarrollados con neuronas humanas. Es decir, el apocalipsis de Terminator. Yo pienso en mi madre que sufrió de Parkinson; pienso que la biorobótica y la robótica pudieron ayudarle mucho y darle mejor calidad de vida.

 

Creo que la IA tiene una función casi igualadora, en el sentido de que democratiza el conocimiento: el acceso al conocimiento ya estaba al alcance de muchos a través de internet, pero ahora podemos responder a dudas complejas "dialogando con la IA". Es como si tuviéramos un experto en todas las materias permanentemente a nuestro servicio, herramienta además a la cual para que te sirva mejor, podemos “alimentar” de información. Lo que marcará la diferencia es la calidad de las preguntas; eso, por el contrario, me genera la duda de si no hará que el inteligente la use para potenciarse y haga del tonto más tonto.

 

A nivel mundial hay una gran preocupación por el empleo: se calcula que el 30 % del empleo mundial se vería afectado por la IA. Me asombra que frente a datos tan contundentes en el país estemos tan tranquilos ante un proceso que será un punto de inflexión en la sociedad que conocemos. El tema es sumamente complejo porque, por otro lado, el temor no puede hacer que dejemos de entrar al mundo de la IA, y creo que van a existir resistencias a su plena implementación.

 

Hace poco a una amiga abogada le archivaron un juicio por un criterio del juez: el magistrado no aceptó en un proceso de divorcio partidas de matrimonio y nacimiento con código de validación, a las que consideró copias simples. Con IA el criterio se reduce: en minutos la demanda estaría calificada o nos la mandarían a completar, y una vez que nuevamente la presentemos, en minutos tendríamos una respuesta. La llamada supervisión humana debería ser una excepción ante un posible error de la IA o ante una situación no adecuadamente ponderada; si la hacemos la regla, por lo menos en actos judiciales de menor valor que la sentencia, perdemos o por lo menos retardamos la oportunidad de transformar la justicia. Claro que será necesario adecuar la legislación para esto. Ahora, ¿habrá afectación del empleo? No globalmente, porque los fondos dedicados a atender actos de mero trámite los requeriremos en funciones que necesiten de manera indispensable la intervención humana.

 

Pienso en la forma en que podría revolucionar el acceso a la educación: ya con las grandes plataformas, las clases sincrónicas y en línea, no logro entender por qué no tenemos acceso universal a la universidad, pero con la IA sería absolutamente inentendible que esto no suceda. E igual los fondos que se puedan ahorrar se deben dedicar a otros aspectos, como becas completas para carreras en tecnología.

 

Pero sucede con los países algo similar a lo que dijimos sobre las personas: hará de los inteligentes más inteligentes y de los tontos más tontos; los que entren plenamente en la IA serán más desarrollados, y los que no entren en ella estarán más subdesarrollados.

 

En esta breve reflexión quedan demasiados temas sueltos; me gustaría hablar de la frase de Elon Musk sobre que el trabajo será voluntario; sin embargo, esto ameritaría —para evitar una revolución— sistemas de ingreso universal. Tema pendiente para que conversemos en otra ocasión.

Parece que vía IA el humano quiere dejar de ser humano. Si pudieras tú, querido gato, ¿quisieras dejar de ser gato? Imposible; nadie puede querer dejar de ser gato.

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¿Escribir algo sobre mí sin poner los títulos académicos?  mi hija dice que soy un poco ególotra, tal vez por eso escribo un blog.

 

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