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Hija, en momentos de crisis ...

Algún día escribí un verso que dice:


Muere cada día

con cada hombre

un poco de estupidez,

un poco de sabiduría.

Cada día,

cada hombre,

estupidez ysabiduría.


La verdad, es un verso un poco malo; le falta mucho trabajo. Pero hoy lo he recordado al decidir escribir sobre algo de la sabiduría que los años me han dado. Ya escribiré, en otra ocasión, sobre alguna estupidez.


Muchas de estas frases se las decía, sobre todo, a mi hija Daniela, que vivió conmigo a raíz de mi separación. Mi hija Andrea se quedó con su mamá y, aunque procuré no faltarle, no estuve tan cerca;  por lo tanto, este texto es sobre todo para ella.


Bien, empecemos.


La escena: encuentras a tu hija llorando en una crisis de juventud. No sabe qué hacer. Son las incertidumbres del futuro. Duda si mañana dejará el país y conocerá el mundo, o si vivirá como su padre, aferrado a las montañas de Quito y a su gente, con sus virtudes y defectos.

Entonces yo digo la frase:


“Hija, en momentos de crisis, aférrate a tus primeros compromisos.”


Sí, hubo tiempos en que las aguas estaban tranquilas y el sol brillaba. En esos momentos hacemos planes, diseñamos nuestra vida, nos comprometemos con nosotros mismos.

Pero vivir no es fácil. Ser fieles a nosotros mismos no es fácil. A veces nos traicionamos.

Y siempre llegan las crisis. Los planes pierden sentido, los esfuerzos parecen vacíos, los resultados son pocos o simplemente no se ven. Tal vez nuestros objetivos fueron demasiado optimistas o demasiado altos. Parece que abandonar todo es el mejor camino. El aburrimiento, entendido como falta de sentido, nos gana.


Entonces somos un libro que debe volver a leerse. Debemos regresar a sus primeras páginas para entendernos: nos perdimos en un argumento confuso.

Por eso debemos volver a nuestros primeros compromisos, recordarlos, aferrarnos a ellos.


Mil veces me perdí del camino; mil veces regresé a él.


Esto no quiere decir que no podamos redefinirnos, que no podamos —y debamos— cambiar de objetivos. Lo que quiero decir es que, en momentos de crisis, seguramente hay que tomar decisiones, ajustar estrategias, pero no es el momento de abandonar nuestros compromisos vitales: aquello que queremos para nuestra vida, aquello que nos define como personas.


Debo decir la verdad: la frase la tomé de mis años jóvenes. Así entendí yo los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola: cuando el alma está destrozada y quiere dejarlo todo, no es el momento. Ya vendrá la serenidad para tomar decisiones. Es el momento de aferrarnos a nuestros primeros compromisos.


Para cerrar: Daniela, en su momento, había hecho sus planes para salir del país. Obtuvo su título de tercer nivel, aprendió inglés, empezó a estudiar alemán. Hubo una convocatoria de un gobierno regional alemán para trabajo y estudio, y pudo optar por ella.


Y pudo confirmar en su vida que las crisis no son momentos para abandonar: son momentos para avanzar, a veces a ciegas, tal vez inciertos sobre los resultados.


Porque, al final, hijas, en los momentos de certeza se construyen las bases, y en las crisis se resiste, incluso sin ver con claridad.

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¿Escribir algo sobre mí sin poner los títulos académicos?  mi hija dice que soy un poco ególotra, tal vez por eso escribo un blog.

 

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