Primas
Actualizado: 30 oct
Allá, en la tierra natal (que bien pudo haber sido Loja o Riobamba, qué importa la ciudad), era de noche; situaciones como esta solo debían darse de noche. La gente abandonaba el terminal terrestre. Dos mujeres esperaron el último bus —situaciones como esta ameritaban un último bus—, que las llevó a la capital.
Ella era blanca, serrana por la provincia en la cual había nacido, pero con un acento montubio delator. Ella era trigueña, con esa erre peculiar de mi sierra. Se hicieron amigas, así como se suelen hacer los amigos: compartiendo, fumando, viviendo; la misma banca, un cigarrillo, una situación parecida. Ella tenía una hija en los brazos; en cambio, ella tenía uno en el vientre.
Todo el viaje conversando: la una hablaba por las dos; en cambio, la otra callaba por ambas. Luego, en la gran ciudad, el tumulto de la gente, el hotel en el centro de Quito, la necesidad de buscar la protección mutua y, para ello, al registrarse en el hotel, se llamaban primas. Les causó gracia al principio; reían: un día que se conocían y ya eran primas. Luego vino lo otro: mantener lejos a los borrachos que las molestaban, el conseguir trabajo, el pensar en la hija en los brazos, en el hijo en el vientre. Para todo fue tan útil el ser primas.
La botaron del trabajo por estar embarazada, y no le dieron trabajo por tener una hija a quien cuidar. Y tuvo su hijo en un hospital del Estado. No había hombre que la esperara; afuera, rezando como si se tratara de su propio hijo, solo se encontraba su prima.
Y tuvo una hembrita, morena como el desgraciado del padre, y la hija de ella tuvo una prima con quien jugar. Ahora las dos tenían hijas en los brazos.
Encendían velas a un santo, velaban los huesos de algún muerto, rezaban frente a las velas de un gran templo. La oración se confundía con el llanto, lágrimas secadas al fuego de los cirios. Tantas cosas, y rezaban y lloraban. Pero sus oraciones eran sobre todo por sus hijas, las que gestaron sus vientres, a las que bendicen y al mismo tiempo secretamente maldicen por haber nacido como ellas, hembras.




Comentarios