VOY A HABLARLES DE LOS GATOS
Voy a hablarles de los gatos. Y primero, de Marco Aurelio, el gato de mi hija.
Lo primero que hay que decir es que Marco Aurelio es sucesor de Adriano. Resulta que leímos el magnífico libro de Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano, y Dani le puso a su primer gato ese nombre: Adriano. Pero Adriano se escapó y nunca regresó. Dani lloró mucho. Luego me dijo que es el individuo de sexo masculino por el que más ha llorado, a despecho de sus novios.
Entonces llegó Marco Aurelio, sucesor de Adriano, como ya he dicho: en el Imperio romano y también en la casa. Hay un cómico, Berto, que dice que un gato te aporta mucho en la vida: te pone en tu sitio. No cabe duda de que en la actualidad, cuando el gato ya no lucha contra ninguna plaga ratonil, solo puede cumplir esa función: ponernos en nuestro sitio. O una función estética. O tal vez sea un rezago genético de una vieja divinización.
Jorge Luis Borges dijo sobre un gato: “No son más silenciosos los espejos”. Solo un gato pudo recibir una frase así. Y Baudelaire dijo que los amantes y los sabios tienen en común con los gatos que son sedentarios y vulnerables al frío. Pero me gusta más Bukowski, que al explicar, alcoholizado, qué influencias hay sobre su poesía, sostiene a un gato sin cola, bizco, atropellado, que logra recuperarse y recupera también su elegancia:
Y ahora a veces soy entrevistado, quieren escuchar acerca
de la vida y de literatura y yo me emborracho y sostengo a mi bizco,
disparado, atropellado y desrabado gato y digo: “¡Miren, miren
esto!
”pero ellos no entienden, ellos dicen algo como: “¿Usted
dice que ha sido influenciado por Céline?”
“No”, yo sostengo al gato, “¡por lo que pasa, por
cosas como esta, por esto, por esto!”
sacudo al gato, lo sostengo…
No he puesto a Neruda. La IA me dice que me pueden demandar por derechos de autor. Yo veo esto tan extraño: en un mundo en el que cualquier vulgaridad se vuelve popular, uno no puede presentar poemas por problemas de derechos de autor.
Bueno, yo como soy vanidoso, aunque mucho menos que Marco Aurelio, aquí va mi oda a mi gato:
Nombre de emperador,
rey absoluto de cada mueble,
blanco tirano
de bigotes aristocráticos.
¿Adónde iremos, Marco Aurelio?
¿En cuántos lugares no aceptarán tu realeza?
Unimos nuestros destinos:
tú como mi tirano,
yo, el súbdito fiel.
A veces me dejas
acariciar tu real cabeza
y te extiendes
sobre mi pecho,
reafirmando tu voluntad.
Un poco, solo un poco de leche,
porque la leche te hace mal;
huesos, pero no muy finos,
no vaya alguno a lastimarte;
cepillado permanente.
El destino es cruel,
solo,
cuando no eres un gato.




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