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Pequeñas patrias

Querido gato:


Hace muchos años, cuando yo era niño, me contaron que Conocoto, pequeña parroquia entonces rural de Quito, celebraba unas fiestas por el día glorioso en el que se enfrentaron a palos, piedras y puñetes contra Sangolquí. La pelea era por unos buses sangolquileños que querían pasar por el centro de Conocoto recogiendo pasajeros. ¿Sería verdad tal hecho? La verdad no lo sé.


Pero en Ecuador hay peleas de límites entre provincias, y unas acusan a otras de querer cercenar su territorio.


Pequeñas patrias.


El hombre es un ser tribal: pertenecer y ser aceptado por la tribu es importante. Debemos creer además con fe absoluta que nuestra tribu es mejor que las otras. Consulté a la IA sobre el chauvinismo: es la actitud de creer con exceso, injustificada y a menudo agresivamente, que el propio grupo —generalmente país, género o grupo social— es superior a los demás.


En Latinoamérica, si nada fundamental nos diferencia, ¿por qué somos tribus distintas? Debimos ser una sola patria desde México hasta Chile, debimos ser un gran mercado común, una sola moneda fuerte —tan fuerte como el dólar, tan fuerte que su emisión sea motor de desarrollo de nuestros pueblos y no causa de inflación. Y sin embargo somos países distintos, separados por las ambiciones personales de nuestros padres fundadores, y por los intereses mezquinos de nuestras élites económicas y de las potencias anglosajonas. Y nos mantenemos igual por razones casi similares.


Pero preferimos seguir estando separados, festejando nuestros triunfos locales, acrecentando nuestras diferencias y peleando por casi nada: eso es lo de fondo.


La verdad escribo esto pensando en el último mundial de fútbol. Las hinchadas piensan solo desde la necesidad de pertenencia y aceptación. Los influencers acrecientan los odios en búsqueda de más vistas, que incrementen su vanidad y sus bolsillos; particularidad que no se me aplica, porque a mí, estimado Marco, me leen en mi blog cuando me va bien cincuenta personas y me escuchan en TikTok trescientas más.


Un día escuché decir a Jorge Edwards que solía molestar a Pablo Neruda diciéndole que su mejor verso es: «Patria, palabra triste, como refrigerador, como murciélago». Si la idea de patria impide la unidad de Latinoamérica, yo también recito el mismo verso, del que seguro Neruda se arrepintió

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¿Escribir algo sobre mí sin poner los títulos académicos?  mi hija dice que soy un poco ególotra, tal vez por eso escribo un blog.

 

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